AT&T cerró el tercer trimestre de 2026 con una combinación de crecimiento y ejecución operativa que vuelve a poner la conectividad en el centro de su tesis. Los ingresos alcanzaron 32.300 millones de dólares, un 5,3% más interanual. El beneficio por acción ajustado fue de 0,65 dólares, frente a 0,54 dólares un año antes, mientras que el beneficio por acción GAAP quedó en 0,13 dólares afectado por cargos vinculados al negocio inalámbrico en México y por la comparación con una ganancia de DIRECTV registrada en el periodo anterior.

La métrica que mejor resume el momento comercial es la conectividad avanzada. La compañía sumó más de un millón de altas por segundo trimestre consecutivo, apoyada por 769.000 altas netas de internet: 442.000 correspondieron a fibra y 327.000 a acceso fijo inalámbrico. En telefonía pospago añadió 379.000 líneas. AT&T está intentando que el mercado deje de verla como una operadora madura que únicamente defiende su base instalada y la valore como una plataforma con más hogares conectados, más servicios por cliente y una red con mayor capacidad de monetización.

El área de conectividad avanzada generó 23.900 millones de dólares de ingresos de servicio, un 6,1% más. La red de fibra ya alcanzaba 39 millones de ubicaciones y la dirección mantiene el objetivo de superar los 40 millones al cierre de 2026 y acercarse a más de 60 millones en 2030. La magnitud del plan explica el peso de la inversión, pero también el atractivo económico: cada nueva conexión puede elevar la permanencia del cliente y abrir espacio para paquetes convergentes de banda ancha, movilidad y servicios empresariales.

La caja respalda de momento la estrategia. AT&T produjo 10.500 millones de dólares de flujo de caja operativo y 5.000 millones de flujo de caja libre durante el trimestre. El EBITDA ajustado fue de 12.500 millones, un 5,4% más. Para los inversores, el debate no es solo si la empresa crece, sino si ese crecimiento se convierte en capacidad sostenida de reducir deuda, financiar fibra y devolver capital sin deteriorar la calidad de la red. En telecomunicaciones, el volumen de altas es útil, pero la rentabilidad por cliente y el coste de adquisición terminan definiendo la valoración.

En paralelo, AT&T acordó vender su negocio inalámbrico en México, una operación anunciada el 13 de octubre. La compañía registró un deterioro de 2.600 millones de dólares ligado a esa actividad. La venta puede simplificar la estructura y concentrar capital en Estados Unidos, pero también obliga a interpretar con cuidado el beneficio GAAP y a distinguir una salida estratégica de un problema operativo recurrente. El mercado tendrá que valorar el precio de la transacción, el calendario de cierre y el uso de los recursos.

La lectura de BolsaHoy es que AT&T está tratando de convertir una historia defensiva en una historia de infraestructura. El foco para las próximas sesiones estará en la retención de clientes, la velocidad real de despliegue de fibra, el crecimiento del ingreso por servicio y la caja disponible después de inversión. Si esos cuatro elementos permanecen alineados, el operador puede sostener su narrativa de crecimiento moderado con visibilidad; si se separan, la cotización volverá a depender más del dividendo que de la expansión del negocio.